Preparemos los caminos

–ya se acerca el Salvador–

y salgamos, peregrinos, al encuentro del Señor.

Ven, Señor, a libertarnos, ven, tu pueblo a redimir;

purifica nuestras vidas y no tardes en venir.

El rocío de los cielos sobre el mundo va a caer,

el Mesías prometido, hecho niño, va a nacer.

De los montes la dulzura, de los ríos leche y miel,

de la noche será aurora la venida de Emmanuel.

Te esperamos anhelantes y sabemos que vendrás;

deseamos ver tu rostro y que vengas a reinar.

Consolaos y alegraos, desterrados de Sión,

que ya viene, ya está cerca, él es nuestra salvación.